Mi oído es testigo de los latidos de su corazón.
En un abrazo intenso pero sin prisa, me aferro a su pecho y el bombeo de su sangre se me hace una dulce melodía. Nunca había escuchado nada igual. Nunca había admirado cuan diferentes voces puede cantar un corazón...
¡Oh!
Me ha contado uno de sus secretos mejor guardados... palabras... salidas de un corazón que, para no abrir nuevas heridas, esconde mas de lo que le gustaría.
Cada nuevo latido grita un te quiero. Un grito que no yo no era capaz de oír...
Ahora es un secreto entre su corazón y yo.
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martes, 11 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Solo el débil rayo de sol que se cuela entre las cortinas es testigo del desorden que hay en la habitación. Es probable que ella aún tarde horas en abrir los ojos y para entonces ningún obstáculo le impedirá comenzar el nuevo día...se lo merece, se lo debe. Aquella que fue la reina de la noche, se ha propuesto saborear cada instante, no dejar pasar ninguna oportunidad.
Huele a tabaco y alcohol...pero nada que una ducha no pueda solucionar.Los tacones las medias y el vestido forman parte del suelo y el bolso, dividido en pequeños accesorios femeninos, trata de mostrar una servilleta, que al salir de casa, no estaba ahi.
"Llámame: 620258963"
Le suena el móvil...un número desconocido...pero su cabeza está tan ocupada que no es capaz de concentrarse en un solo tono de teléfono. La mesa está llena de papeles...trabajo atrasado. Quizás anoche no fue buena idea salir de fiesta... pero era necesario. Despejarse por una noche era lo que necesitaba, una vida nueva, un trabajo nuevo, gente nueva...pero de momento, aspiraba a disfrutar de la resaca de una larga noche
El eco de las oficinas no es mas que un rutinario y desagradable "¡Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?"
Estaba harto de aquellas vocecillas que se penetraban en su cabeza y le hacían imposible la mañana del lunes.
El móvil no para de sonar...casi está apunto de cogerlo...
- ¡Eh, vamos, tomemos un café!
Al fin, la esperada frase de la mañana. Como cada día, justo la hora de su café.
El cielo está despejado y el sol se hace notar.
En el bolsillo de su chaqueta, su movil y dos llamadas perdidas; entre sus manos, un delicioso café, el que está apunto de ser su salvación para aguantar el resto del día...o eso pensaba justo antes de que en el vaso irrumpiera una bola de papel... o una servilleta quizas...a juzgar por los bordes de color. Solo se dejaban entrever algunos números sin sentido...ahora ahogados en café.
Bah, ¿qué mas daba? Su hora del café se había echado a perder por una broma de mal gusto de la brisa.
Ahora, todas sus esperanzas llenaban la papelera de la esquina.
Dio media vuelta de regreso al trabajo y tropezó con una chica... una chica que con cara de recién levantada pero una sonrisa encantadora le pedía disculpas a lo lejos. Aún más lejos y entre gritos le explicó que buscaba una servilleta con un número de teléfono.
Ella siguió corriendo y riendo y él...tras mirar varias veces a la papelera, sintió una punzada en el corazón, y como si alguien le hubiera dado un empujón...corrió, sin pensar, sin sentido... sin dudar, tras ella.
Huele a tabaco y alcohol...pero nada que una ducha no pueda solucionar.Los tacones las medias y el vestido forman parte del suelo y el bolso, dividido en pequeños accesorios femeninos, trata de mostrar una servilleta, que al salir de casa, no estaba ahi.
"Llámame: 620258963"
Le suena el móvil...un número desconocido...pero su cabeza está tan ocupada que no es capaz de concentrarse en un solo tono de teléfono. La mesa está llena de papeles...trabajo atrasado. Quizás anoche no fue buena idea salir de fiesta... pero era necesario. Despejarse por una noche era lo que necesitaba, una vida nueva, un trabajo nuevo, gente nueva...pero de momento, aspiraba a disfrutar de la resaca de una larga noche
El eco de las oficinas no es mas que un rutinario y desagradable "¡Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?"
Estaba harto de aquellas vocecillas que se penetraban en su cabeza y le hacían imposible la mañana del lunes.
El móvil no para de sonar...casi está apunto de cogerlo...
- ¡Eh, vamos, tomemos un café!
Al fin, la esperada frase de la mañana. Como cada día, justo la hora de su café.
El cielo está despejado y el sol se hace notar.
En el bolsillo de su chaqueta, su movil y dos llamadas perdidas; entre sus manos, un delicioso café, el que está apunto de ser su salvación para aguantar el resto del día...o eso pensaba justo antes de que en el vaso irrumpiera una bola de papel... o una servilleta quizas...a juzgar por los bordes de color. Solo se dejaban entrever algunos números sin sentido...ahora ahogados en café.
Bah, ¿qué mas daba? Su hora del café se había echado a perder por una broma de mal gusto de la brisa.
Ahora, todas sus esperanzas llenaban la papelera de la esquina.
Dio media vuelta de regreso al trabajo y tropezó con una chica... una chica que con cara de recién levantada pero una sonrisa encantadora le pedía disculpas a lo lejos. Aún más lejos y entre gritos le explicó que buscaba una servilleta con un número de teléfono.
Ella siguió corriendo y riendo y él...tras mirar varias veces a la papelera, sintió una punzada en el corazón, y como si alguien le hubiera dado un empujón...corrió, sin pensar, sin sentido... sin dudar, tras ella.
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