domingo, 20 de febrero de 2011

"Nadie me dijo esta mañana que el día iba a terminar así"

Es como si te meterieran en una minúscula caja, cerraran con tapa y la sacudieran sin parar.
No hay nada que hacer, nada que decir, nada hará que pare. No te lo mereces, pero ya no hay marcha atrás.
No hay luz no hay aire no hay nadie. Y con la mayor tranquilidad que te puedes permitir en un momento como ese, es cuando te dices: "Nadie me dijo esta mañana, que el día iba a terminar así".
Y solo entonces no importa lo que pasó, no importa como llegaste hasta ahí, ahora solo importa salir.
Salir y hacerte escuchar. Salir y asumir los errores que te condenaron, perdonar a quienes te encerraron y que te perdonen. Salir y ver la luz, tomar el aire.
Abrir los brazos y abrazarle.

Pero para todo eso se necesita fuerza para levantar la tapa. Fuerza para gritar que paren, que todo esta bien, que no quieres seguir con esto. Fuerza para tomar el control de la situacion, porque por culpa de tu impotencia, de tu inseguridad, de tu pequeñez, es que ahora estás encerrado en una minúscula caja, que tu mismo cerraste con tapa y que se mueve sin parar porque no paras de sacudir tu desesperación.
No hay culpables, no hay nadie fuera.
Sólo tu.

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